Manual Merck para el Hogar
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Derrame pleural

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Derrame pleural

El derrame pleural es la acumulación anormal de líquido en la cavidad pleural.

Normalmente, sólo una capa fina de líquido separa las dos membranas de la pleura. Una cantidad excesiva de líquido puede acumularse por varios motivos, como la insuficiencia cardíaca, la cirrosis hepática y la neumonía.

Los otros tipos de líquido que se pueden acumular en la cavidad pleural pueden ser sangre, pus, líquido lechoso y un líquido alto en colesterol.

La sangre en la cavidad pleural (hemotórax) es generalmente el resultado de una herida en el tórax. En raras ocasiones, puede un vaso sanguíneo romperse dentro de la cavidad pleural o una zona dilatada de la aorta (aneurisma aórtico) derramar sangre en dicha cavidad. La hemorragia puede también ser causada por la coagulación defectuosa de la sangre. Debido a que la sangre en la cavidad pleural no se coagula completamente, es relativamente fácil para un médico extraerla mediante una aguja o un tubo torácico.

El pus en la cavidad pleural (empiema) puede acumularse cuando la neumonía o el absceso pulmonar se derrama en la cavidad pleural. El empiema puede ser una complicación de una neumonía o bien una consecuencia de una infección de una herida en el tórax, de una cirugía de tórax, de la rotura del esófago o de un absceso en el abdomen.

Derrame pleural
Dibujo esquemático de la imagen radiográfica del derrame pleural (forma de curva cóncava hacia arriba).
Derrame pleural

El líquido lechoso en la cavidad pleural (quilotórax) es causado por una lesión de los principales conductos linfáticos del tórax (conducto torácico) o por la obstrucción del conducto causada por un tumor.

El líquido alto en colesterol en la cavidad pleural es el resultado de un derrame pleural de mucho tiempo de evolución, como el causado por la tuberculosis o por la artritis reumatoide.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas más frecuentes, independientemente del tipo de líquido en la cavidad pleural o de su causa, son ahogo y dolor de pecho. Sin embargo, muchos individuos con derrame pleural no manifiestan ningún síntoma.

Una radiografía de tórax, que muestra el líquido, es generalmente el primer paso para el diagnóstico. La tomografía computadorizada (TC) muestra más claramente el pulmón y el líquido y puede revelar la presencia de una neumonía, un absceso de pulmón o un tumor. Una ecografía puede ayudar al médico a localizar una pequeña acumulación de líquido, con el fin de extraerla.

Casi siempre se extrae una muestra de líquido para su examen mediante una aguja (procedimiento denominado toracocentesis). El aspecto del líquido puede ayudar a determinar la causa del derrame. Ciertos exámenes complementarios evalúan la composición y determinan la presencia de bacterias o de hongos. La muestra se examina además para establecer el número y los tipos de células y la presencia de células cancerígenas.

Cuando estas pruebas no pueden identificar la causa del derrame, es necesario realizar una biopsia de la pleura. Utilizando una aguja de biopsia, el médico extrae una muestra de la capa externa de la pleura para su análisis. Si la muestra es demasiado pequeña para un diagnóstico preciso, se debe tomar una muestra de tejido con una pequeña incisión en la pared torácica (procedimiento llamado biopsia pleural abierta). A veces se obtiene una muestra usando un toracoscopio (un tubo de observación que permite al médico examinar la cavidad pleural y sacar muestras).

En algunas ocasiones, una broncoscopia (un examen visual directo de las vías aéreas a través de un tubo de observación) ayuda al médico a encontrar la fuente del líquido. En el 20 por ciento de los derrames pleurales, la causa nunca se encuentra, aun después de numerosas pruebas.

Causas frecuentes del derrame pleural

Tratamiento

Un leve derrame pleural puede requerir solamente el tratamiento de la causa subyacente. Los derrames mayores, especialmente los que provocan ahogo, pueden requerir la evacuación (drenaje) del líquido. Por lo general, el drenaje alivia el ahogo de un modo espectacular. Con frecuencia, se puede extraer líquido utilizando la toracocentesis, una punción quirúrgica para evacuar líquido de la pleura por medio de una pequeña aguja (o catéter) que se introduce en la cavidad pleural. Aunque la toracocentesis se practica por lo general a efectos de diagnóstico, el médico puede extraer hasta l,5 litros de líquido a la vez, usando este procedimiento.

Cuando se debe extraer gran cantidad de líquido, se puede introducir un tubo a través de la pared del tórax. Tras haber insensibilizado la zona con anestesia local, el médico introduce un tubo de plástico dentro del tórax entre dos costillas. A continuación, conecta el tubo a un sistema de drenaje sellado que impide que el aire entre en la cavidad pleural. Entonces se realiza una radiografía de tórax para controlar la posición del tubo. El drenaje se puede obstruir si el tubo torácico no se coloca correctamente o si se dobla. Cuando el líquido es muy espeso o está lleno de coágulos, el procedimiento puede no ser eficaz.

Una acumulación de pus proveniente de una infección (empiema) requiere un tratamiento con antibióticos administrados por vía intravenosa y un drenaje del líquido. La tuberculosis o la coccidioidomicosis requieren un tratamiento prolongado con antibióticos. Cuando el pus es muy espeso o se han formado compartimentos entre zonas fibrosas, el drenaje se dificulta, por lo que puede ser preciso cortar una parte de la costilla para que se pueda introducir un tubo más grande. En casos raros, puede ser necesario efectuar una intervención quirúrgica para quitar la capa externa de la pleura (decorticación).

La acumulación de líquido provocada por los tumores de la pleura puede ser difícil de tratar debido a la rápida y nueva acumulación del líquido. El drenaje y la administración de fármacos que impiden el crecimiento de tumores, previenen a veces la ulterior acumulación de líquido. Pero si el líquido se sigue acumulando, puede ser útil sellar la cavidad pleural.

Todo el líquido se drena a través de un tubo, que luego se usa para administrar un irritante pleural, como una solución de doxiciclina o talco, dentro del espacio.

La sustancia irritante sella las dos capas de la pleura entre sí, de modo que no quede espacio para que se siga acumulando el líquido.

En caso de que penetre sangre en la cavidad pleural, por lo general, lo único que se hace es drenarla a través de un tubo, siempre y cuando se haya interrumpido la hemorragia.

Los fármacos que ayudan a eliminar los coágulos sanguíneos, como la estreptoquinasa y estreptodornasa, se pueden administrar a través del tubo de drenaje. Si la hemorragia continúa o en caso de no poderse extraer la acumulación de forma adecuada con un tubo, una intervención quirúrgica puede ser necesaria.

El tratamiento del quilotórax está dirigido a la reparación de los daños producidos en el conducto linfático. Dicho tratamiento consiste en la cirugía o en el tratamiento con fármacos contra un cáncer que está obstruyendo el flujo linfático.

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