Manual Merck para el Hogar
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Hematomas intracraneales

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Hematomas intracraneales

Los hematomas intracraneales son acumulaciones de sangre dentro del cerebro o entre el cerebro y el cráneo.

Los hematomas intracraneales pueden ser consecuencia de un traumatismo o de un ictus. Es habitual que los hematomas intracraneales asociados a un traumatismo se formen en el revestimiento externo del cerebro (hematoma subdural) o entre el revestimiento externo y el cráneo (hematoma epidural). Ambos tipos generalmente se pueden poner de manifiesto con una tomografía computadorizada (TC) o con una resonancia magnética (RM). La mayoría de los hematomas son de desarrollo rápido y producen síntomas en minutos. Los hematomas crónicos, más frecuentes en las personas de edad, son de progresión lenta y producen síntomas solamente al cabo de horas o días.

Los hematomas grandes comprimen el cerebro, causan hinchazón y finalmente destruyen el tejido cerebral. Pueden también ocasionar una herniación de la parte superior del cerebro o del tronco encefálico.

Una persona con un hematoma intracraneal puede perder la consciencia, entrar en coma, quedar paralizada en uno o ambos lados del cuerpo, experimentar dificultades respiratorias y cardíacas o incluso morir. Los hematomas pueden también ocasionar confusión y pérdida de memoria, especialmente en las personas de edad avanzada.

Un hematoma epidural es consecuencia de la hemorragia de una arteria que se encuentra entre las meninges (las membranas que revisten y protegen el cerebro) y el cráneo. La mayoría de los hematomas epidurales ocurre cuando una fractura de cráneo rompe una arteria. Dado que la sangre tiene más presión en las arterias que en las venas, sale con más fuerza y rapidez de las arterias. A veces los síntomas son de inicio inmediato, generalmente en forma de dolor de cabeza intenso, pero también pueden retrasarse varias horas. A veces, el dolor de cabeza cede para reaparecer con más intensidad al cabo de unas horas; es posible que entonces se acompañe de un estado progresivo caracterizado por confusión, somnolencia, parálisis, colapso y coma profundo.

El diagnóstico precoz es fundamental y generalmente se establece mediante una TC urgente. El tratamiento de los hematomas epidurales se instaura en cuanto se establece el diagnóstico. Para eliminar la acumulación de sangre se trepana el cráneo y el cirujano busca el origen de la hemorragia para controlarla.

Los hematomas subdurales son consecuencia del sangrado de las venas que se hallan alrededor del cerebro. El inicio del derrame puede ser súbito y consecutivo a un grave traumatismo craneal, o más lento cuando se trata de una lesión menos grave. Los hematomas subdurales de lento desarrollo son más frecuentes en las personas de edad avanzada, porque sus venas son frágiles, y en los alcohólicos, porque a veces no se enteran de golpes leves o moderados en la cabeza. En ambas situaciones la lesión inicial puede parecer leve y los síntomas pueden pasar inadvertidos durante varias semanas. Sin embargo, una TC o una RM pueden detectar la sangre acumulada. Un hematoma subdural puede aumentar el tamaño de la cabeza de un bebé porque el cráneo es blando y maleable; los médicos suelen drenar el hematoma quirúrgicamente por razones estéticas.

En los adultos, los hematomas subdurales pequeños suelen resorberse espontáneamente; el drenaje quirúrgico suele estar indicado en los grandes hematomas subdurales que producen síntomas neurológicos. Las indicaciones para proceder a un drenaje son el dolor de cabeza persistente, los mareos que van y vienen, la confusión, los cambios en la memoria y una parálisis leve en el lado opuesto del cuerpo.

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