Manual Merck para el Hogar
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Insuficiencia renal crónica

Insuficiencia renal crónica

Causas de insuficiencia renal crónicaLa insuficiencia renal crónica es una lenta y progresiva disminución de la función renal que evoluciona hacia la acumulación de productos metabólicos de desecho en la sangre (azoemia o uremia).

Las lesiones producidas en los riñones, por muchas enfermedades, pueden ocasionar daños irreversibles.

Síntomas

En la insuficiencia renal crónica, los síntomas se desarrollan lentamente. Al inicio están ausentes y la alteración del riñón sólo se puede detectar con análisis de laboratorio. Una persona con insuficiencia renal entre ligera y moderada presenta sólo síntomas leves a pesar del aumento de la urea (un producto metabólico de desecho) en la sangre. En este estadio, puede sentirse la necesidad de orinar varias veces durante la noche (nicturia) porque los riñones no pueden absorber el agua de la orina para concentrarla como lo hacen normalmente en la noche. Como resultado, el volumen de orina al cabo del día es mayor. En las personas que padecen insuficiencia renal a menudo aparece hipertensión arterial porque los riñones no pueden eliminar el exceso de sal y agua. La hipertensión arterial puede conducir a un ictus (accidente cerebral vascular) o una insuficiencia cardíaca.

Cómo la insuficiencia renal crónica afecta la sangre

A medida que la insuficiencia renal evoluciona y se acumulan sustancias tóxicas en la sangre, el sujeto comienza a sentirse pesado, se cansa fácilmente y disminuye su agilidad mental. Conforme aumenta la formación de sustancias tóxicas, se producen síntomas nerviosos y musculares, como espasmos musculares, debilidad muscular y calambres. También puede experimentarse una sensación de hormigueo en las extremidades y perderse la sensibilidad en ciertas partes. Las convulsiones (ataques epilépticos) se pueden producir como resultado de la hipertensión arterial o de las alteraciones en la composición química de la sangre que provocan el mal funcionamiento del cerebro. La acumulación de sustancias tóxicas afecta también al aparato digestivo, provocando pérdida del apetito, náuseas, vómitos, inflamación de la mucosa oral (estomatitis) y un sabor desagradable en la boca. Estos síntomas pueden llevar a la desnutrición y a la pérdida de peso. Los sujetos que padecen una insuficiencia renal avanzada desarrollan frecuentemente úlceras intestinales y hemorragias. La piel puede volverse de color marrón amarillento y, en algunas ocasiones, la concentración de urea es tan elevada que se cristaliza en el sudor, formando un polvo blanco sobre la piel (escarcha urémica). Algunos de los que sufren de insuficiencia renal crónica tienen picores generalizados muy molestos.

Diagnóstico

La insuficiencia renal crónica se diagnostica mediante un análisis de sangre. La sangre se caracteriza por volverse moderadamente ácida (acidosis). Dos productos metabólicos de desecho, la urea y la creatinina, que normalmente son filtrados por los riñones, se acumulan en la sangre. La concentración de calcio disminuye y aumenta la de fosfato. La concentración de potasio en la sangre es normal o sólo ligeramente incrementada pero puede volverse peligrosamente alta. El volumen de orina tiende a permanecer estable, generalmente de 1 a 4 litros diarios, independientemente de la cantidad de líquido consumido. Por lo general, el sujeto tiene una moderada anemia. Los análisis de orina pueden detectar muchas alteraciones, tanto de las células como de la concentración de sales.

Pronóstico y tratamiento

Por lo común, la insuficiencia renal crónica tiende a agravarse independientemente del tratamiento, y si no se trata es mortal. La diálisis o el trasplante de riñón pueden salvar la vida del paciente.

Los cuadros que causan o agravan la insuficiencia renal se deben corregir lo más pronto posible. Estas acciones comprenden: la corrección de los desequilibrios de sodio, agua y acidobásico, la eliminación de las sustancias tóxicas de los riñones, el tratamiento de la insuficiencia cardíaca, la hipertensión arterial, las infecciones, las concentraciones elevadas de potasio o de calcio en la sangre (hipercalcemia) y cualquier posible obstrucción del flujo de orina.

Un ajuste minucioso de la dieta ayuda a controlar la acidosis y el aumento de las concentraciones de potasio y fosfato en la sangre. Una dieta pobre en proteínas (0,2 a 0,4 gramos por 0,5 kilogramo del peso corporal ideal) puede disminuir el aumento de la concentración de iones que se presenta al pasar la insuficiencia renal crónica a una insuficiencia renal terminal, momento en el cual es necesario efectuar la diálisis o el trasplante de riñón. Los diabéticos por lo general necesitan uno de estos tratamientos más temprano que los que no padecen esta enfermedad. Cuando la dieta es muy estricta o cuando se debe comenzar la diálisis, se recomienda un suplemento que contenga vitaminas del grupo B y vita-mina C.

La elevada concentración de triglicéridos en la sangre, hecho frecuente entre los que sufren de insuficiencia renal crónica, aumenta los riesgos de ciertas complicaciones tales como accidentes vasculares cerebrales y ataques cardíacos. Los fármacos como el gemfibrozilo pueden reducir los valores de los triglicéridos, aunque no se ha demostrado aún que estos fármacos disminuyan las complicaciones cardiovasculares.

Durante el curso de la insuficiencia renal, las alteraciones de la sed normalmente determinan la cantidad de agua consumida. A veces se restringe el consumo de agua para impedir que la concentración de sodio en la sangre disminuya demasiado. Habitualmente no se limita el consumo de sal (sodio) a menos que haya acumulación de líquidos en los tejidos (edema) o aparezca hipertensión arterial. Se deben evitar los alimentos con un alto contenido de potasio, como por ejemplo los sustitutos de la sal, y una elevada concentración de potasio en la sangre (hiperpotasemia) es peligrosa porque aumenta el riesgo de arritmias y de paro cardíaco. Si el valor del potasio se elevara demasiado, se pueden suministrar fármacos como el sulfonato de poliestireno sódico, que se adhiere al mismo haciendo que sea eliminado con las heces; sin embargo, a veces se requiere la diálisis de emergencia.

La formación de los huesos se puede ver afectada si determinadas circunstancias persisten durante mucho tiempo. Estas circunstancias son la existencia de una concentración baja de calcitriol (un derivado de la vitamina D), un escaso consumo y absorción de calcio y las concentraciones elevadas de fosfato y hormona paratiroidea en la sangre. La concentración de fosfatos en la sangre se controla con la restricción del consumo de alimentos ricos en fósforo, como los productos lácteos, el hígado, las legumbres, las nueces y la mayoría de las bebidas no alcohólicas. Los fármacos que se adhieren a los fosfatos, como el carbonato de calcio, el acetato de calcio y el hidróxido de aluminio (un antiácido corriente), ingeridos por vía oral, pueden también ser de ayuda.

La anemia es causada por la incapacidad de los riñones de producir cantidades suficientes de eritropoyetina (una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos). La anemia responde lentamente a la epoetina, un fármaco inyectable. Se efectúan transfusiones de sangre sólo cuando la anemia es grave o provoca síntomas. Los médicos también buscan otras causas de anemia, en particular las deficiencias de ciertos nutrientes en la dieta como el hierro, el ácido fólico (folato) y la vitamina B12, o un exceso de aluminio en el organismo.

La tendencia a la hemorragia en la insuficiencia renal crónica se puede evitar transitoriamente mediante transfusiones de glóbulos rojos o plaquetas, o bien administrando fármacos como la desmopresina o los estrógenos. Dicho tratamiento puede ser necesario tras una herida o antes de efectuar un procedimiento quirúrgico o una extracción de un diente.

Los síntomas de la insuficiencia cardíaca, que con frecuencia son el resultado del exceso de sodio y de la retención de agua, mejoran si se reduce la cantidad de sodio en la dieta. Los diuréticos furosemida y bumetamina también pueden ser eficaces, incluso cuando la función renal es escasa. Los aumentos moderados o graves de la presión arterial se tratan con fármacos antihipertensivos corrientes para impedir el deterioro del funcionamiento cardíaco y renal.

Cuando los tratamientos iniciales para la insuficiencia renal ya no son eficaces, se considera la diálisis a largo plazo o el trasplante de riñón.

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