Procedimientos diagnósticos

Ante la posibilidad de que pueda existir un trastorno renal o de las vías urinarias, el médico trata de examinar los riñones durante la exploración física. Los riñones normales no suelen palparse, pero sí se pueden detectar si están hinchados o existe un tumor renal. Así mismo, se puede palpar la vejiga cuando está dilatada. En el varón, el médico hace un tacto rectal para ver si existe una dilatación de la próstata. Un tacto vaginal en la mujer puede proporcionar información acerca de la vejiga y de la uretra.

Los procedimientos adicionales para el diagnóstico de las afecciones de los riñones y de las vías urinarias comprenden análisis de orina y de sangre que reflejan la función renal, pruebas de imagen y muestras del tejido renal.

Análisis de orina

Los análisis de orina de rutina incluyen los análisis químicos para la detección de proteínas, azúcar y cetonas y el examen microscópico para detectar glóbulos rojos y blancos. Las pruebas que se realizan en un laboratorio de manera simple y económica pueden detectar y medir la cantidad de diversas sustancias en la orina. En estas pruebas se utiliza una tira de plástico delgada (tira reactiva), impregnada con sustancias químicas que reaccionan cambiando de color ante las sustancias presentes en la orina. Este tipo de tira se utiliza sistemáticamente en los análisis de orina.

En general, la presencia de proteínas en la orina (proteinuria) se puede detectar rápidamente por medio de tiras reactivas, pero a veces se necesitan métodos más sofisticados. Las proteínas pueden estar presentes en la orina de manera constante o sólo de un modo intermitente, dependiendo de la causa. La proteinuria es generalmente una señal de enfermedad renal, pero puede también producirse de forma natural tras ejercicios extenuantes como un maratón. Puede también ser consecuencia de una anomalía genética inocua y poco frecuente denominada proteinuria ortostática. En este caso la proteína no se encuentra presente en la orina si el sujeto ha estado acostado (como cuando está dormido), pero aparece un rato después de levantarse.

La presencia de glucosa (azúcar) en la orina (glucosuria) se puede detectar con las tiras reactivas, antes mencionadas, de manera muy precisa. La diabetes es la causa más frecuente. Si sigue apareciendo glucosa en la orina después de normalizarse las concentraciones de azúcar en la sangre, probablemente se trate de una alteración renal.

La presencia de cetonas en la orina (cetonuria) se puede detectar con las mismas tiras. Las cetonas se forman cuando el organismo descompone las grasas. Otras veces éstas se pueden producir a causa de la inanición, la diabetes incontrolada y, ocasionalmente, por la intoxicación por alcohol.

La presencia de sangre en la orina (hematuria) se detecta con una tira reactiva o mediante un examen al microscopio. A veces la orina contiene sangre suficiente como para que sea visible, volviéndola de color rojo o marrón.

Los nitritos en la orina (nitrituria) también pueden detectarse por medio de las tiras de celulosa. Debido a que los valores de los nitritos aumentan cuando existen bacterias en la orina, esta prueba se utiliza para un rápido diagnóstico de la infección.

La presencia en la orina de esterasa leucocitaria (una enzima que se encuentra en ciertos glóbulos blancos) se puede detectar mediante tiras reactivas. La esterasa leucocitaria indica una inflamación, causada habitualmente por una infección bacteriana. La prueba puede dar un falso negativo cuando la orina está muy concentrada o contiene glucosa, sales biliares, fármacos (como el antibiótico rifampicina) o una gran cantidad de vitamina C.

La acidez de la orina también se determina mediante tiras reactivas. Ciertos alimentos pueden aumentarla.

277x170La concentración de orina (osmolalidad) puede ser importante para el diagnóstico de un funcionamiento anormal de los riñones. Se puede analizar una muestra de orina seleccionada al azar o bien se pueden realizar pruebas que estudien la capacidad de los riñones para concentrar la orina. En una de dichas pruebas no se bebe agua ni otros líquidos durante 12 a 14 horas; en otra, se aplica una inyección de la hormona vasopresina. Después, se mide la concentración de la orina. Normalmente, cada una de estas pruebas debe dar como resultado un gran aumento de la concentración de la orina. Sin embargo, en ciertos trastornos renales, la orina está anormalmente diluida.

En una situación normal, la orina contiene un número reducido de células y otros desechos provenientes del interior de las vías urinarias. En caso de una enfermedad de las vías urinarias, se desprende un mayor número de células que van a formar un sedimento, si la orina se centrifuga o se deja asentar. Se puede hacer un examen microscópico del sedimento para obtener información sobre la enfermedad.

Para diagnosticar una infección de las vías urinarias se realizan cultivos de orina, que son técnicas que permiten el crecimiento de las bacterias en el laboratorio. Para ello se requiere una muestra de orina no contaminada proveniente de la vejiga, que puede obtenerse orinando en un recipiente estéril. Otros métodos incluyen la introducción de un catéter por la uretra hasta el interior de la vejiga o la inserción de una aguja en el interior de la vejiga a través de la pared abdominal (aspiración suprapúbica por aguja).

Pruebas de funcionamiento renal

La función renal se puede evaluar analizando tanto una muestra de sangre como una de orina. La velocidad de filtración renal se puede estimar mediante la medición de la creatinina en el suero (un producto de desecho). La concentración de nitrógeno ureico sanguíneo (BUN) puede también indicar la eficacia del funcionamiento de los riñones, aunque muchos otros factores pueden alterar su valor. Con una muestra de sangre también se puede realizar una prueba más precisa, como el aclaramiento de creatinina, utilizando una fórmula que relaciona el valor de creatinina en el suero con la edad, el peso y el sexo; su determinación exacta exige una recolección de la orina producida durante 24 horas.

Estudios de imagen

Una radiografía del abdomen puede mostrar el tamaño y la posición de los riñones, aunque una ecografía es en general mejor para este propósito.

Una urografía endovenosa es una técnica radiológica que se utiliza para visualizar los riñones y las vías urinarias inferiores. Se inyecta por vía endovenosa una sustancia radiopaca (conocida como radiocontraste), que se puede observar en la radiografía. La sustancia se concentra en los riñones, generalmente en menos de 5 minutos. Luego se realiza una radiografía que proporciona una imagen de los riñones y del paso de la sustancia radiopaca a través de los uréteres hacia el interior de la vejiga. La urografía endovenosa no es útil cuando los riñones funcionan mal y no pueden concentrar la sustancia radiopaca.

Cistograma retrógrado
Para realizar este examen se inyecta un medio de contraste radiológico a través de una sonda uretral.
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La inyección de una sustancia radiopaca puede producir una insuficiencia renal aguda (efecto adverso) en menos de uno de cada 200 casos. Se desconoce el motivo de ello, pero el riesgo es más elevado en las personas de edad avanzada o en las que ya tenían anteriormente una insuficiencia renal, diabetes mellitus, deshidratación o mieloma múltiple.

El médico debe tener la precaución de administrar líquidos por vía endovenosa a un paciente con riesgo elevado, antes de inyectar una sustancia radiopaca. También se utiliza una dosis baja de la sustancia radiopaca para reducir el riesgo al máximo. Otras veces se utiliza una prueba alternativa, como la tomografía computadorizada.

El cistograma, que consiste en la visualización de la vejiga por rayos X, se obtiene como parte de la urografía endovenosa. Sin embargo, el cistograma retrógrado (cistografía), que se obtiene cuando la sustancia radiopaca se introduce a través de la uretra, a menudo proporciona mayor información sobre la vejiga y los uréteres. Las radiografías se realizan antes, durante y después de la micción.

En la urografía retrógrada, sustancias radiopacas similares a las que se utilizan en la urografía endovenosa se introducen directamente en el interior del uréter a través de un endoscopio o de un catéter. Este método proporciona buenas imágenes de la vejiga, los uréteres y la parte inferior de los riñones y es muy útil cuando los resultados de la urografía endovenosa no son satisfactorios. Así mismo, es útil en el estudio de la obstrucción de un uréter o cuando debe evaluarse una persona alérgica a las sustancias endovenosas radiopacas. Entre sus desventajas se encuentran el riesgo de infección y la necesidad de utilizar anestesia.

La ecografía utiliza ondas de sonido para producir una imagen de las estructuras anatómicas. La técnica es simple, indolora y segura. Puede utilizarse para estudiar los riñones, los uréteres y la vejiga, con la ventaja adicional de que se pueden obtener buenas imágenes incluso cuando la función renal está disminuida. Las ecografías proporcionan información indirecta sobre la función renal. La ecografía también se utiliza para medir la velocidad de producción de la orina en un feto mayor de 20 semanas, midiendo los cambios de volumen de la vejiga. Esta información ayuda a determinar la eficiencia de la función renal del feto. En los recién nacidos, la ecografía es el mejor método para investigar masas abdominales, infecciones de las vías urinarias y los posibles defectos congénitos del sistema urinario, teniendo en cuenta su fácil ejecución y la precisión de sus resultados.

La ecografía es uno de los mejores medios para calcular el tamaño de los riñones y para diagnosticar diversas anomalías renales, incluyendo los sangrados renales. La ecografía se utiliza para localizar el sitio adecuado para una biopsia. Así mismo es el método elegido para los pacientes con insuficiencia renal avanzada, pues en estos casos los riñones no captan las sustancias radiopacas; o bien para las personas que no toleran estas sustancias.

En una ecografía se puede ver con nitidez una vejiga llena de orina. Aunque los tumores de la vejiga pueden identificarse mediante la ecografía, es más fiable la tomografía computadorizada.

La tomografía computadorizada (TC) es más costosa que la ecografía y que la urografía endovenosa pero tiene algunas ventajas sobre éstas. La TC puede distinguir las estructuras sólidas de aquellas que contienen líquidos, por esta razón es más útil en la evaluación del tipo y de la extensión de los tumores del riñón o de otras masas que distorsionen las vías urinarias normales. Se puede inyectar por vía endovenosa una sustancia radiopaca para obtener mayor información. La TC puede ayudar a determinar si un tumor se ha extendido mas allá del riñón. Si durante una TC se inyecta una mezcla de aire y de sustancia radiopaca al interior de la vejiga, se puede observar claramente el contorno de un tumor de la vejiga.

La angiografía, que implica la inyección de una sustancia radiopaca en una arteria, es el más invasivo de todos los procedimientos para obtener imágenes del riñón. Se reserva para situaciones especiales, como cuando el médico requiere evaluar el aporte sanguíneo a los riñones. En muchos hospitales, se está reemplazando la angiografía convencional por la TC en espiral. Esta técnica utiliza computadoras para intensificar la imagen obtenida con cantidades reducidas de sustancia radiopaca. Entre las complicaciones de la angiografía se encuentran lesiones a las arterias puncionadas y a los órganos vecinos, reacciones a la sustancia radiopaca y hemorragia.

La venografía es una imagen radiográfica de las venas que se obtiene empleando sustancias radiopacas. Las complicaciones son raras y están generalmente limitadas a la extravasación de sangre y de sustancia radiopaca alrededor del punto de la inyección. Pueden presentarse reacciones alérgicas a la sustancia radiopaca.

Las imágenes por resonancia magnética (RM) pueden proporcionar la información sobre masas renales que no se pueden obtener por medio de otras técnicas. Por ejemplo, se puede determinar el tamaño de un tumor a partir de imágenes tridimensionales producidas por el registro RM. Las masas renales sólidas se ven distintas de las huecas (quísticas) y la imagen del líquido en un quiste ayuda al médico a distinguir una hemorragia de una infección. Además, la RM produce excelentes imágenes de los vasos sanguíneos y de las estructuras alrededor de los riñones, lo que permite realizar varios diagnósticos. Sin embargo, los depósitos de calcio y los cálculos en el riñón no se observan bien y se ven mejor con una TC.

Biopsia renal
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Obtención de muestras de células y tejido

Se puede realizar una biopsia de riñón (extracción de una muestra de tejido para su examen al microscopio) con el fin de que el médico pueda establecer un diagnóstico y observar la evolución del tratamiento. Para evaluar una insuficiencia renal, con frecuencia se introduce una aguja de biopsia a través de la piel. A menudo se llevan a cabo biopsias de un riñón trasplantado para detectar señales de rechazo. Para realizar una biopsia del propio riñón (nativo) de alguien, la persona se acuesta boca abajo y se le inyecta un anestésico local en la piel y en los músculos de la espalda que están por encima del riñón. A continuación se introduce la aguja de biopsia y se extrae una muestra de tejido para su examen al microscopio. Para efectuar una biopsia de un riñón trasplantado, se introduce la aguja directamente a través de la pared abdominal. Para guiar la dirección de la aguja hacia la parte afectada se utiliza la ecografía.

El examen microscópico de las células en la orina (citología de orina) es útil en el diagnóstico del cáncer de las vías urinarias. En los sujetos con riesgo elevado (por ejemplo los fumadores, los operarios de las industrias petroquímicas y las personas con hemorragias indoloras), la citología de orina permite detectar la presencia de cáncer. Este método también se usa en el control posterior de las personas a quienes se les ha extirpado un tumor de la vejiga o del riñón. Los resultados pueden dar falsos positivos (indicando cáncer cuando no lo hay), si existen otras afecciones como una inflamación, o bien, pueden dar falsos negativos (no indicando un cáncer que sí está presente), como puede ser en el caso de un cáncer de bajo grado, en el que las células parecen normales.

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