Cistitis

T11_272x362La cistitis es una infección de la vejiga urinaria.

Las infecciones de la vejiga urinaria son frecuentes en las mujeres, particularmente durante el período fértil. Algunas mujeres desarrollan infecciones repetidas de la vejiga urinaria.

Las bacterias de la vagina pueden desplazarse a la uretra y al interior de la vejiga. Las mujeres contraen con frecuencia infecciones de la vejiga después de una relación sexual, probablemente porque la uretra ha sufrido contusiones durante la misma. En casos muy particulares, las infecciones repetidas de la vejiga en las mujeres son originadas por una conexión anómala entre ésta y la vagina (fístula vesicovaginal), sin que exista ningún otro síntoma.

Las infecciones de la vejiga urinaria son menos frecuentes en los varones y se inician, generalmente, con una infección en la uretra que se extiende a la próstata y posteriormente a la vejiga. Por otro lado, una infección de la vejiga puede ser provocada por un catéter o un instrumento utilizado durante un acto quirúrgico. La causa más frecuente en los varones, de infecciones a repetición, es una infección bacteriana persistente en la próstata. Aunque los antibióticos eliminan rápidamente las bacterias de la orina en la vejiga, la mayoría de estos fármacos no puede penetrar lo suficientemente bien dentro de la próstata para curar una infección en la misma. En consecuencia, cuando se interrumpe la terapia con fármacos, las bacterias que han quedado en la próstata vuelven a infectar la vejiga.

En casos excepcionales, puede crearse una conexión anómala entre la vejiga y el intestino (fístula enterovesical), permitiendo a veces que las bacterias que producen gas penetren en la vejiga y se desarrollen allí. Estas infecciones pueden producir burbujas de aire en la orina (neumaturia).

Síntomas

Las infecciones de la vejiga generalmente producen una frecuente y urgente necesidad de orinar y una sensación de ardor o dolor durante la micción. Por lo general, el dolor se siente por encima del pubis y, a menudo, también en la parte inferior de la espalda. Otro síntoma es la micción frecuente durante la noche. A menudo, la orina es turbia y en aproximadamente el 30 por ciento de los casos contiene sangre visible. Los síntomas pueden desaparecer sin necesidad de aplicar ningún tratamiento. A veces, una infección de la vejiga no produce síntomas y se descubre cuando se efectúa un análisis de orina por otros motivos. Las infecciones asintomáticas de la vejiga son especialmente frecuentes en las personas de edad avanzada, pudiendo desarrollar como resultado una incontinencia urinaria.

Cistitis
La cistitis es una inflamación de la vejiga urinaria, y es más frecuente en la mujer.
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Una persona con un mal funcionamiento de los nervios de la vejiga (vejiga neurogénica) o que ha tenido de forma ininterrumpida una sonda dentro de la misma, puede tener una infección de la vejiga que no produzca síntomas hasta que se desarrolla una infección renal o aparece una fiebre inexplicable.

Diagnóstico

El médico puede diagnosticar una infección de la vejiga basándose sólo en los síntomas característicos. Se recoge una muestra de orina (en envase esterilizado), evitando la contaminación por bacterias de la vagina o de la punta del pene. El sujeto comienza a orinar dentro del inodoro, interrumpiendo la micción momentáneamente, para finalizarla dentro de un envase esterilizado. Se examina microscópicamente la muestra de orina para ver si contiene glóbulos rojos, blancos u otras sustancias. Se cuentan las bacterias y se efectúa un cultivo de la muestra para identificar el tipo de bacteria. Cuando existe infección, por lo general se encuentra presente un gran número de un tipo concreto de bacteria.

En los varones, por lo general, una muestra del flujo medio de orina es suficiente para el diagnóstico. En las mujeres, estas muestras están a veces contaminadas por bacterias de la vagina. Para asegurarse de que la orina no está contaminada, con frecuencia el médico debe obtener una muestra de orina directamente de la vejiga con una sonda.

Es importante hallar la causa de las infecciones recidivantes frecuentes. Los médicos pueden efectuar un estudio con rayos X utilizando una sustancia radiopaca, visible con los rayos X, que se inyecta dentro de una vena y es excretada posteriormente por los riñones a la orina. Las secuencias radiográficas proporcionan imágenes de los riñones, los uréteres y la vejiga. La cistouretrografía consiste en la introducción de la sustancia radiopaca en el interior de la vejiga y el registro de su salida; es un buen método para investigar el reflujo de la orina desde la vejiga, particularmente en los niños, pudiéndose también identificar cualquier estrechamiento de la uretra. En la uretrografía retrógrada, la sustancia radiopaca se introduce directamente dentro de la uretra; es útil para la detección de un estrechamiento, protrusiones, o conexiones anormales (fístulas) de la uretra, tanto en varones como en mujeres. La observación directa del interior de la vejiga con un endoscopio de fibra óptica (cistoscopia) puede ayudar a diagnosticar el problema cuando una infección de la vejiga no mejora con el tratamiento.

Tratamiento

En las personas de edad avanzada, la infección que no produce síntomas, generalmente, no requiere tratamiento.

Como primera medida, beber una gran cantidad de líquidos a menudo elimina una infección leve de la vejiga. El chorro de la orina empuja muchas bacterias fuera del cuerpo y las defensas naturales eliminan las restantes.

Antes de prescribir antibióticos, el médico determina si el paciente padece algún trastorno que pueda agravar la infección de la vejiga, como una alteración de la estructura o de la actividad nerviosa, una diabetes o un sistema inmune debilitado, que puede reducir la capacidad para combatir la infección. Tales situaciones pueden requerir un tratamiento más enérgico, especialmente porque es probable que la infección reaparezca apenas se suspenda el tratamiento antibiótico.

La ingestión oral de un antibiótico durante 3 días, o incluso en una sola dosis, es generalmente eficaz siempre que la infección no haya originado complicaciones. Para infecciones más persistentes, normalmente se toma un antibiótico durante 7 a 10 días.

Se pueden tomar antibióticos de manera continua en dosis bajas, como prevención (profilaxis) contra la infección, en el caso de personas que tienen más de dos infecciones de la vejiga urinaria al año. El costo anual es solamente una cuarta parte del costo del tratamiento de tres o cuatro infecciones al año. Normalmente, el antibiótico se toma a diario, tres veces a la semana, o inmediatamente después de una relación sexual.

Para aliviar los síntomas, especialmente la urgencia urinaria frecuente y pertinaz y la micción dolorosa, se utiliza una variedad de fármacos. Algunos, como la atropina, pueden calmar los espasmos musculares. Otros, como la fenazopiridina, reducen el dolor aliviando los tejidos inflamados. Con frecuencia, se pueden aliviar los síntomas haciendo que la orina se vuelva alcalina, lo que se consigue bebiendo bicarbonato sódico disuelto en agua.

La cirugía puede ser necesaria para suprimir una obstrucción física del flujo de la orina (uropatía obstructiva) o para corregir una anomalía estructural que aumente las probabilidades de infección, como es el caso de un útero y una vejiga caídos. El drenaje de la orina de una zona obstruida a través de un catéter ayuda a controlar la infección. Por lo general, antes de la cirugía se administra un antibiótico para reducir el riesgo de extensión de la infección por todo el cuerpo.

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