Pielonefritis

Pielonefritis crónica
La pielonefritis crónica puede producir un daño irreversible del riñón, llevando finalmente a insuficiencia renal crónica.
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La pielonefritis es una infección bacteriana de uno o de ambos riñones.

La Escherichia coli, una bacteria que normalmente se encuentra en el intestino grueso, provoca aproximadamente el 90 por ciento de las infecciones de riñón entre las personas que viven en comunidad, pero sólo es responsable de aproximadamente el 50 por ciento de las infecciones renales de los pacientes internados en un hospital. Las infecciones generalmente ascienden de la zona genital a la vejiga. Si las vías urinarias funcionan normalmente, la infección no puede desplazarse hacia los riñones desde los uréteres, puesto que el flujo de orina arrastra los microorganismos y el cierre de los uréteres en su punto de entrada en la vejiga también lo impide. Sin embargo, cualquier obstrucción física al flujo de la orina, como un cálculo renal o una dilatación de la próstata, o el reflujo de la orina desde la vejiga al interior de los uréteres, aumenta la probabilidad de una infección del riñón.

Las infecciones pueden también ser transportadas a los riñones desde otra parte del cuerpo a través del flujo sanguíneo. Por ejemplo, una infección en la piel por estafilococos puede extenderse a los riñones a través del flujo sanguíneo.

Otras situaciones que aumentan el riesgo de una infección del riñón son el embarazo, la diabetes y los procesos que disminuyen la capacidad del organismo para combatir la infección.

Síntomas

Los síntomas de una infección del riñón por lo general comienzan repentinamente con escalofríos, fiebre, dolor en la parte inferior de la espalda, en cualquiera de los dos costados (zonas lumbares), náuseas y vómito.

Aproximadamente un tercio de las personas que sufren infecciones del riñón tiene también síntomas de una infección de las vías urinarias inferiores, incluyendo micción frecuente y dolorosa. Uno o los dos riñones, pueden estar agrandados y doloridos y en la región lumbar del lado afectado, se siente dolor. A veces los músculos del abdomen están fuertemente contraídos. Una persona puede experimentar episodios de dolor intenso provocados por los espasmos de uno de los uréteres (cólico renal). Los espasmos pueden ser causados por la infección o por el paso de un cálculo renal. En los niños, los síntomas de una infección renal a menudo son ligeros y más difíciles de reconocer. En una infección de larga duración (pielonefritis crónica), el dolor puede ser vago y la fiebre puede ir y venir o no haberla en absoluto. La pielonefritis crónica se produce solamente en las personas que tienen alteraciones importantes subyacentes, como una obstrucción de las vías urinarias, grandes cálculos renales, o, más frecuentemente, el reflujo de la orina desde la vejiga hacia los uréteres, en los niños pequeños. Finalmente, la pielonefritis crónica puede lesionar los riñones de tal manera que ocasiona su disfuncionamiento. El resultado es la insuficiencia renal.

Diagnóstico

Los síntomas típicos de una infección del riñón llevan al médico a realizar dos pruebas complementarias habituales para determinar si los riñones están infectados: el examen microscópico de una muestra de orina y el cultivo de bacterias para determinar cuáles están presentes.

Se deben realizar pruebas adicionales a las personas con intenso dolor de espalda provocado por un cólico renal, a las que no respondan al tratamiento antibiótico en las primeras 48 horas o cuyos síntomas reaparecen poco después de finalizado el tratamiento, y también a los varones, porque éstos muy raramente desarrollan una infección de riñón. Las ecografías o las radiografías que se efectúan en estas situaciones pueden revelar la existencia de cálculos renales, alteraciones estructurales u otras causas de obstrucción urinaria.

Tratamiento

Debe iniciarse la administración de antibióticos tan pronto el diagnóstico de una infección renal parezca verosímil y se hayan tomado las muestras de orina y de sangre para los exámenes complementarios. Se puede modificar la elección del fármaco o su dosificación en función de los resultados de dichas pruebas. El tratamiento con antibióticos para prevenir la recidiva de la infección, por lo general, se continúa durante 2 semanas, pero puede durar hasta 6 semanas en el caso de los varones, en los que la infección es, habitualmente, más difícil de erradicar. En general, a las 4 o 6 semanas después de haber finalizado el tratamiento con antibióticos se recoge una nueva muestra de orina para asegurarse de que la infección ha sido erradicada.

Si las pruebas revelan alguna causa que favorece la infección, como una obstrucción, una alteración estructural o un cálculo, puede ser necesaria una intervención quirúrgica que corrija esta situación.

A las personas que sufren infecciones frecuentes del riñón, o cuyas infecciones reaparecen después de haber finalizado el tratamiento con antibióticos, se les aconseja tomar una pequeña dosis de antibiótico todos los días a modo de terapia preventiva. La duración ideal de dicha terapia no está establecida, pero a menudo se interrumpe al cabo de un año. Si la infección vuelve a reaparecer, se puede continuar con la terapia indefinidamente.

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